sábado, 30 de octubre de 2010

DÍA 5: "Los chamaquitos de Luis".


Los viernes siempre son motivo de alegría. Porque es viernes y porque llega el fin de semana. Pero cuándo no sabes el día en el que vives, realmente este detalle importa más bien poco.
Debo comenzar el quinto día de esta primera semana, de las primeras jornadas de la era pingüina, dando las gracias al 50% de este equipo, a Elena. Por su aguante, por su vitalidad y por su fuerza. Digo esto porque no es fácil convivir con una servidora 24 horas, cómo para hacerlo 120, prácticamente. Para muestra un botón:

Elena se levantó el viernes con un trancazo de cuidado. Habíamos quedado en Plaza Castilla. Inicialmente yo llegaba a mi hora, mejor dicho, antes de tiempo. Pero algo tenía que suceder. Me encontraba a mitad de mi trayecto -a mitad de la línea 1-, cuando decubrí que no llevaba el móvil, ni los C.V en el bolso. Había cambiado el lugar de mis pertenencias la noche anterior y al salir de casa, cogí la colgamenta equivocada. En resumen, llegué más de media hora tarde y Elena estaba a punto de desfallecer en el intercambiador de Plaza Castilla, pero con una sonrisa, como siempre.
Superado este primer desliz. Tomamos el autobús y nos fuímos hasta Alcobendas. La primera parada eran los estudios de Antena3 y OndaCero. Ejecutamos el procedimiento habitual: dejar los currículums. Primero en Antena3, y después bordeamos el gran edificio para hacer lo mismo en la emisora de radio. En este periplo nos encontramos con la familia Simpson, que muy amablemente nos indicaban el camino equivocado. Como ya nos conocemos, decidimos hacer caso omiso a las indicaciones de la tropa amarilla y llegamos a la radio.
Tras preguntar varias veces "¿cómo llegar al Cercanías?", la conclusión era que debíamos subir toda la calle Real (medio Kilómetro aproximadamente). Esto a priori, porque en realidad fue una caminata de kilómetro y medio, con varias paradas para surtirnos de bollos y refrescos. Desde Alcobendas a Tres Cantos tardamos una hora (con transbordos, desvíos y cambios de transporte). Allí está Sogecable. Allí, por decir algo, porque Elena y yo pensamos que nos habían timado y en nuestro billete ponía: "Destino: Fin del Mundo".

Era mediodía y parecía que llevábamos día y medio a las espaldas. Tal vez el cansancio acumulado de toda la semana a nivel físico. Y la carga psicológica de que áquello que estábamos haciendo no era otra cosa que buscar un futuro. Un futuro por el que habíamos luchado, estudiado y peleado. Tarde o temprano, la incertidumbre y desazón te acaban invadiendo. Estas sensaciones nos acompañaron de vuelta en el tren hasta la "civilización", es decir, Nuevos Ministerios.

Comimos, donde siempre. Y cogimos un bus en Avenida América rumbo a... realmente nos dieron ganas de viajar a cualquier parte de España: Teruel, Bilbao, Murcia, San Sebastián, Barcelona... pero no. Nos montamos en uno urbano que nos dejó en las puertas de ABC. Los de la entrada nos miraron con cara divertida. Imagino que la diversión éramos nosotras por nuestra cara, nuestras pintas. En resumen, creo que fuímos lo mejor que pasó por su cabina en toda la tarde. Nos indicaron dónde debíamos ejecutar "la acción de siempre" y allí que nos fuímos. En la entrada había bastante gente con traje y no con deportivas y vaqueros como nosotras. Por lo que tampoco pasamos desapercibidas. Tampoco lo intentamos. Desde el día que nos lanzamos a las calles de Madrid en ningún momento pasó por nuestra cabeza la posibilidad de patear la ciudad en tacones. Por lo que si para lucir hay que sufrir, que luzcan otros. Nosotras ya lo haremos, en otra vida, tal vez.

Y de ABC o el Grupo Vocento, hasta Unidad Editorial en Hortaleza. De nuevo metro y manta. El edificio de Unidad Editorial es imponente, ya que aglutina varias publicaciones en su interior. Tras tener la charla de rigor con la persona de seguridad, nos acercamos a Mensajería, lugar que nos habían indicado para ejecutar la acción C.V. Llámamos a la puerta y cuando explicamos al hombre que nos abrió la puerta nuestro cometido, sus ojos se abrieron como platos. Centrémonos, porque la situación fue bastante cómica. Luis -así supimos luego que se llamaba uno de los mensajeros-, es sudamericano y al parecer, no está acostumbrado a ver chicas con mochila y c.v por mensajería. Es más, cuando abría los ojos como platos, dijo:

-"¡¡Pero si esto es una empresa privada!!" (Al tiempo que veía pasar su vida ante sus ojos, pensando que nuestro cometido era arrebatarle su puesto de trabajo).

- (Elena): Nos han dicho que viniéramos hasta aquí...

- (Luís): Ha debido ser un error...Ir a recepción que está un poquito más arriba.

Hicimos caso a Luís y cuando estábamos llegando al mostrador al tiempo que veíamos la entrega de los Príncipes de Asturias en las teles del grupo, el de seguridad nos dijo:

- ¿Os ha mandado aquí Luís?

- (Elena y yo): ¿? Pues... Imaginamos que sí...

El pobre Luís, asustado, había avisado de nuestra presencia, tal vez intentando buscar una explicación para su futuro a corto plazo. Pero los de recepción debieron tranqulizarle y cuando volvimos, su rostro era más relajado. Cómo bien dijo Elena, ya no temía por sus chamaquitos.

Y con la simpática historia de Luís, nos despedimos hasta la semana que viene. Segunda de la Era Pingüina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario