
Cuando nos decidimos a recorrer Madrid para buscar trabajo "de lo nuestro", no perdimos de vista el hecho de que encontrarlo no iba a ser tarea fácil. Por eso también barajamos la opción de dejar caer algún currículum para trabajar "de lo otro". La mañana del día 3 comenzaba con este objetivo. Nos citamos en Argüelles y pusimos rumbo a Herrera Oria ¿por qué?Porque tras varias indagaciones en el maravilloso mundo de Internet descubrimos que allí tiene su sede la oficina de selección de empleo de El Corte Inglés. Exacto. Decidimos ir allí, presentarnos, dejar nuestro C.V y quién sabe si tener suerte para trabajar en la campaña de Navidad y sacarnos unas "pelillas".
Era la primera vez que íbamos, por lo tanto, dimos varias vueltas antes de llegar. Finalmente entramos en el edificio que está al lado de un colegio. ¿Paradoja? Por aquello de ¿del cole al curro?...¿o del cole al consumo? Seguramente casualidad. Cuando llegamos a recepción nos encontramos con una enorme sala plagada de personas esperando a ser atendidas. Dejamos nuestro currículum y como es obvio, nos tocó esperar. A los 10 minutos nos llamaron y nos citaron para el miércoles siguiente con el Señor X, a las 12. Cogimos nuestros bártulos -que no son pocos- y nos fuímos con nuestros currículums e ilusiones a otra parte, en concreto, a comer.
La tarde iba a ser larga, por lo que decidimos reponer fuerzas en el VIPS de Gran Vía mientras recordábamos anécdotas del pasado. De cuando cualquier tiempo pasado era mejor, o al menos, era diferente. Entre plato y plato hablamos de nuestra infancia. Hasta que el camarero golpeó a Elena con un plato en la mandíbula -sin querer- y la conversación cambió de rumbo. "¿Cómo contener los ataques de risa?" Ésta es mi gran asignatura pendiente. Cuanto mayor es la faena -siempre y cuando no haya dolor- más carcajadas me dan y más complicado me resulta frenarlas. Por lo que entre risa y risa, nos dieron las cinco de la tarde y decidimos ponernos en marcha.
La ruta se presentaba divertida. Recorrer la Castellana de arriba hacia abajo. Cuzco, Colón, Atocha... Empezamos. Primero las oficinas de la Cadena SER. Entramos por una puerta equivocada y en el corto trayecto de bordear el edificio de Prisa para entrar por la siguiente, nos cruzamos con Miguel Ríos y el vocalista de Camela. Faltó que el recepcionista de la puerta correcta fuera Plácido Domingo -como en la variedad está el gusto...- pero no. Nos atendió un chico al que no tenía mucha pinta de "irle la ópera", pero que amablemente nos invitó a dejar nuestro currículum en varios casilleros. Mejor dicho, en todos los que quisiéramos: SER, El País, El Plural... Elegimos -por única vez y sin que sirva de precedente- y nos marchamos.
La siguiente parada era la redacción de la revista Esquire. Pero tras entrar en varios edificios antiguos. Sí de estos con puertas de madera gigantes que chirrían, olor a vacío y techos inalcanzables. Nos percatamos de que la revista Esquire no estaba dónde creíamos. Ya lo buscaríamos de nuevo en Internet. Salimos de los posibles "platós" de la película "REC" -por si salía la niña poseída- y cruzamos la Castellana rumbo a la Cadena Cope.
Ir andando por el centro de Madrid puede parecer una experiencia maravillosa. Lo es. El entorno que te rodea es áquel al que los turistas sacan mil fotos cuando vienen a España. Pero cuando el cansancio comienza a apremiar, resulta complicado ver más allá de dos palmos. Aún así, tuve tiempo suficiente para divisarle a él. Preguntar a Elena si era real que era él. Y cruzarnos con él deleitándome del momento. No. No tengo 15 años, sino unos cuantos más. Pero me encanta Ernesto Sevilla. Ese osco gañán de La Hora Chanante. (Suspiro). Y seguims nuestro camino. Eso sí con más alegría que antes -al menos yo-.
Llegamos a la sede de la cadena de los obispos y relizamos la acción de siempre: dejar nuestros currículums. En esta ocasón nos atendió una simpática señora que además nos invitó al cine. Sí. Nos dió entradas gratis para un preestreno el jueves en el Cine Palafox (Luchana). La película: Los Seductores, francesa, protagonizada por Vanessa Paradis -o la mujer de Johnny Depp- y Romain Duris. Ya os diremos si merece la pena ir a verla o no. O al menos pagar para verla en el cine.
Salimos de la COPE y nos fuímos a la redacción de la revista digital Sportyou, en Cuzco. Dicen que un periodista tiene que ser intrépido, "echaó p´alante" y un poquito caradura. Cuando pienso en los sitios que hemos visitado. Creo que cumplimos estos requisitos. Llegar a ellos es todo un ejercicio de: ganas -lo primero-, valentía y expectación por lo que vas a encontar al otro lado. Por ejemplo, Sportyou está dentro de un complejo de varios bloques con patio interior en el que hay niños jugando. Y allí fuímos nosotras, a jugar nuestras cartas, a dejar nuestro C.V y a tener una primera toma de contacto -quién sabe si habrá más- con uno de los trabajadores de la revista. Tuvimos una charla amena, distendida. Contamos quiénes somos -vagamente porque no hay cosa más complicada que definirse a uno mismo- y nos fuímos.
Bajamos la Castellana y cerca de Colón nos detuvimos en las oficinas de Condé Nast. De nuevo un edificio engañoso. Grande. Techos altos. Colindante de un Ministerio. Perdonádme, pero no recuerdo cuál. Condé Nast alberga entre otras a la revista Vogue. La famosa cabecera dirigida en Estados Unidos por Anne Winterthur. Una mujer de hielo "dicen", en la que está basado el personaje de la novela El Diario viste de Prada. Libro que saltó a la gran pantalla de la mano de mi admirada Meryl Streep. Después de esta incursión cinematográfica, he de deciros que no dejamos el C.V para Vogue, sino para GQ. Y que la recepcionista ya apuntaba maneras de Anne Winterthur.
Y de Colón...a Atocha. Aunque como estaba a punto de desfallecer, yo más bien pensaba: "De Madrid al cielo". Literalmente. En Atocha nos sorpendió la noche. Y cuando anochece resulta aún más complicado ubicarse. Aun así, llegamos a nuestra última parada del día: las intalaciones de MotorPress Ibérica. Como ya era tarde, ejecutamos la acción de siempre, pero no en la recepción, sino en la caseta de seguridad. Allí cogieron nuestros papeles. Y de allí nos fuímos a Lavapiés. ¿Para qué? Para tomar una caña a nuestra salud y poner fin al día, creíamos. Pero aún faltaba alguna que otra cosa por sucedernos.
Mientras atábamos los cabos del día siguiente en una terraza de Lavapiés -en otoño aún hay tiempo para terrazas-, apareció una joven pidiéndonos dinero. Le dijimos que no teníamos suelto. Era verdad. Pero debíó entender que no teníamos dinero. Y muy salada ella nos preguntó: "¿y cómo váis a pagar aquí?" Elena y yo nos quedamos con cara de póker. Juego al que nunca jugamos. Y la joven se marchó, mientras el camarero que había oído la conversación nos observaba por si teníamos intención de hacer un "sinpa".
Una vez pagamos, caminámos hacia La Latina, punto de separación. Pero antes... nos abordó una antigua ex compañera de la Complutense que trabaja en una radio nacional. Justo cuando -grabadora en mano- me estaba haciendo la pregunta, me reconoció. Aún así no logramos escaparnos de la "entrevista":
- ¿Qué opináis de los cambios en el Gobierno de Zapatero?
- (Elena): ¿Perdón? ¿Qué cambios?
- (Reportera): Rubalcaba por De la Vega, Pajín por Aído y Trinidad, la Trini por...bla bla bla.
- (Elena): ¡Dios! ¡Esto de buscar trabajo va a terminar conmigo! ¡Pensé que había un cambio de partido!
- (Reportera): No, qué va. Aún no...
Contestamos como buenamente pudimos en base a lo que nos permitía nuestra última neurona con actividad y ahora sí, nos despedimos y nos fuímos a dormir...
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